Nadie debería morir ahogado en vacaciones frente a su familia

Cualquier muerte imprevista se convierte en tragedia, si esa muerte sucede en la playa en el contexto de unas vacaciones donde un padre, junto a sus hijos, su esposa y su madre pasaban la tarde, es terriblemente dolorosa y sin sentido.


Que si el hijito que corría peligro en el mar tiene 5 u 8 años, que si el hombre estaba en el mar con el o se metió cuando vio que corría peligro, son detalles que no cambian la dramática historia. El hecho ocurrido ayer alrededor de las 17 horas a unos 400 metros de la base de los guardaparques en una zona sin cobertura de guardavidas, algo que es de conocimiento público y donde hay carteles que lo advierten, debería dejarnos a todos una reflexión muy profunda. Es comprender que “el mar mar esconde riesgos enormes ante los cuales es indispensable estar bajo la mirada de profesionales guardavidas para evitar hechos como el ocurrido”, así como lo expresa la Unión de Guardavidas de Villa Gesell.
Los que concurrimos en varias oportunidades a esas playas desiertas camino al Faro Querandí, sabemos el placer inmenso que es estar en contacto con la naturaleza más pura, todos nos hemos fiado alguna vez entrando al agua aún sabiendo que si algo nos pasa no contamos con el rescate de los profesionales. Confiamos… erróneamente creemos que podemos zafar de cualquier situación complicada.
Lo que le pasó a José Ignacio Greco nos demuestra que no siempre es así… 

Los relatos de quienes estuvieron presentes durante el salvataje de su hijo y su ahogamiento varían en pequeños detalles, personalmente hablé con una propietaria no residente de Mar Azul que también estaba ahí con su familia, con uno de los bañistas de la playa naturista que fue quien llevó con su vehículo a uno de los dos guardavidas que vigilan esa playa y que está aproximadamente a unos 800 metros de la zona de la tragedia, con un bombero que acudió. Todos los relatos son desgarradores… tampoco importa quien llegó primero, segundo o tercero al lugar a prestar ayuda. Desde los turistas que compartían playa, pasando por los guardaparques, personal de seguridad en playa, guardavidas del puesto más cercano, la ambulancia unidad de rescate del Same, bomberos del Destacamento Uno, la ambulancia del Centro de Salud de Mar Azul, todos los actores institucionales y la gente común hicieron todo lo posible para salvarle la vida a ese hombre, pero nada alcanzó. Casi media hora de reanimación cardiopulmonar del guardaparque, del guardavidas, de personal de salud… era tarde. Se informó en un parte de la policía que el hombre convulsionó, pero desde que se le comenzó a hacer RCP los que lo vieron dicen que no presentó signos vitales en ningún momento.

A su hijito, ese al que se dice que quiso salvar, lo sacó un turista, que según comentan, está recién operado y no podía correr ni hacer esfuerzos. Por supuesto que no dudó ni un segundo en disparar hacia el mar para socorrerlo. El hermanito mayor llorando le agradecía haberle salvado la vida. Mientras, su papá flotaba en el mar.
Nadie debería pasar por algo así… la conmoción que generó en todas las personas que participaron y ayudaron en este hecho es inmensa… El mar estaba peligrosísimo, así lo informó un guardavidas de Mar Azul y contó que hubo varios rescates a lo largo de la playa en las localidades del sur de Gesell. 

Que la muerte de este hombre que viajó desde Tigre a descansar con su familia a nuestras playas, no pase desapercibida. 
Se podría haber evitado. Respeto al mar, pero antes, ser responsables de nuestra propia vida y la de los seres que queremos. Seamos cuidadosos en la playa, nos evitará sustos o tanto dolor como en este caso.